dulce resplandor dorado sobre tu piel en calma,
suave respirar tranquilo,
tu vientre que sube y baja,
mientras mi corazón fuera del pecho
a merced de los impulsos de tus ansias.
Dulce tu,
tierno tu mirar divino
en tus ojos que son de agua,
déjame mirarlos siempre hasta agotar tu alma
o hasta que nos volvamos uno
como la noche y la distancia.
Mi quietud,
todo se acomoda bajo la luz de tu mirada,
no más sombras en mi laberinto,
no mas noches de tristeza exacerbada,
hoy solo es tu cuerpo
lugar bendito al que por momentos
me da por llamarle…. casa.